martes, 18 de mayo de 2010

El amor no conoce dimensiones


El misterio envolvió las horas. Al principio decidí avanzar sin mirar atrás, creyendo que nadie me observaba. El sonido no se hizo esperar, voltee para descubrir de donde provenía aquel ruido;(un silbido y un “muchacha, muchacha”), fue lo que distinguí.

Era una señora quien muy amable me ofreció una pala y una cubeta de agua, le agradecí la gentileza con una sonrisa y le dije que por el momento no era tan necesario. Y que la buscaría en caso de necesitar su ayuda. A los 10 minutos que recorría el lugar, me di cuenta que había dejado ir a alguien que tal vez me hubiese auxiliado a conocer más detalles sobre la historia del científico Téllez. ¿Fue realmente inconsciencia de mi parte? O probablemente deseaba recorrer cada espacio del cementerio y en la búsqueda encontrar las respuestas.

Camine y observe a mi paso la diversidad y el marco en el que las diferencias sociales (tenían acto de presencia en primera fila) y que una vez más; quienes aun respiramos nos encargábamos de que siguiera latente. Tropecé conforme la travesía me llevaba, creí que sería fácil perderme; mi sorpresa fue ver la manera en que el lugar estaba tan bien organizado (por calles). Era como una ciudad, la ciudad del silencio eterno. Me reincorpore a la aventura y a continuar deambulando, esta vez me acerque a un señor que llevaba una carretilla con ramas y flores marchitas. Lo salude y le pregunte sobre la historia del científico Téllez, y este con un gesto nada cordial, me contesto que no tenía idea y que si necesitaba esa información regresara la próxima semana. Son cosas que pasan decía la voz en mi mente, le di la razón y seguí hasta la entrada donde un joven me comento que él no sabía a ciencia cierta; aunque me recomendaba que buscara a don Benjamín (la persona que lleva más tiempo trabajando allí) lo encontré y me dijo que no le era familiar aquel relato.

Di la media vuelta, en ese momento apareció la señora amable. Me acerque a ella y sin darme el tiempo de preguntarle lo que deseaba, me dio datos sobre el caso de la Familia Téllez Ramírez. “Alguna veces me pareció ver a una mujer que camina sola y llevaba entre sus manos un rosario, una vez intente seguirla; pero un escalofrío invadió mi cuerpo. Decían que su esposo la embalsamo porque la amaba demasiado aunque esto a mi me parece muy controlador, sobretodo porque se juega con la voluntad de Dios. Además de que estaba con ella a diario o por lo menos 3 veces a la semana se encargaba de peinarla, pintarle las uñas.” Eso es lo que se señorita, hasta luego que tenga buena tarde me dijo. Mi cara se ilumino, el día era hermoso; guarde mis notas y regrese a casa.


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