
Al encontrarme en las afueras de la catedral, apreciando la bella imagen de unos niños contemplando un rayo de luz que pasaba por encima de la torre; pidiéndole de una manera conmovedora con la mirada que aguardara más tiempo, el tiempo necesario para llamar a la madre, la cual se encontraba recostada a la pared tarareando; con un cigarrillo en mano. Poco tiempo transcurrió para que sus voces se fueran volviendo inaudibles.
Camine hacia al frente y pasando la enorme puerta de madera que desprende un olor a humedad, sin evitar escuchar que cada paso que daba provoca un sonido similar al de un chasquido.
Era como si él me hubiese visto desde el principio, mis ojos se sentían agradecidos y reconocían esa imagen, me aproxime hacia donde se encontraba y desde el alma y en silencio; le agradecí por seguir teniendo a mi lado a una de las personas que más amo en la vida. No pude evitar derramar unas lágrimas que reconfortaban mi espíritu. En ese momento solo éramos él y yo.
Los que nos encontrábamos en la catedral salíamos con una expresión diferente que se notaba en el rostro.
Definitivamente espero volver muy pronto.
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