
Resulta tan difícil tomar decisiones, sobre todo cuando te encuentras en la etapa en la que experimentas diversos cambios emocionales.
Crees que navegas contracorriente y que lo que aun te mantiene al filo del segundo es la respiración que traspasa el pecho y que te parece podría paralizar cada uno de tus pensamientos, pues sientes que la adrenalina es tal que no alcanzas a entender lo que sucede. Tu eres la única persona que “sabe” el ¿Qué? y ¿Por qué?
No encuentro la manera adecuada de ayudarte a responder esos cuestionamientos ya que se trata de que a través de la experiencia sepas como canalizar las situaciones y encuentres un sentido a lo que estás viviendo.
Sin el afán de sentirme la “mujer madura”, hoy me siento segura y en confianza de compartir un momento por el que pase hace dos años. El cuál fue la elección de carrera.
A pesar de que parece una decisión fácil y claro para un grupo de personas lo es, para otros como fue mi caso, resulto impredecible y confuso.
En aquel tiempo cuando tenía 17 años y estaba a punto de salir de preparatoria creía estar segura de que quería estudiar Relaciones Internacionales, aunque mi verdadero deseo era dejar de estudiar por un año en lo que decidía que era lo que haría a partir de aquel entonces.
Aun no tenía del todo las piezas del rompecabezas, hoy por hoy te puedo asegurar que por mi mente jamás paso la idea dejar de estudiar definitivamente. Lamentablemente el temor al no hablar con mis padres con sinceridad y plantearles lo que yo pensaba, provoco que yo callara. Y una semana después de iniciadas las clases al estar con ellos les comente que no solo no me gustaba la carrera sino también la universidad y que prefería dejar de estudiar temporalmente.
Esta semana al leer (Los cínicos no sirven para este oficio) confirmo una vez más que por “algo” ocurren las “cosas”. De haber sido otra mi decisión no me imagino lo miserable que me hubiese sentido al estar odiando el trabajar en un área que no me gustara y que además me hubiese perdido la oportunidad de leer a Kapuściński.
El recorrer cada una de las páginas me provocaba una sed de conocimiento, quería leerlo, subrayar situaciones que me cautivaron, mejorar mi escritura. Alzar la voz por los que necesitan ser escuchados. (Kapuściński,R;2008)
Lo anterior es tan visto en la actualidad y desde hace tiempo, el control de la información. Y como es que el gran sueño se concentra en “dinero y la limitada libertad del periodista”.
En lugar de darme por vencida me convenzo cada vez más de querer seguir adelante. Recuerda que el periodismo es una profesión de 24 horas, leer es una herramienta indispensable.
Si me hubiesen dicho hace unos años que sería periodista, no lo hubiese creído.
Crees que navegas contracorriente y que lo que aun te mantiene al filo del segundo es la respiración que traspasa el pecho y que te parece podría paralizar cada uno de tus pensamientos, pues sientes que la adrenalina es tal que no alcanzas a entender lo que sucede. Tu eres la única persona que “sabe” el ¿Qué? y ¿Por qué?
No encuentro la manera adecuada de ayudarte a responder esos cuestionamientos ya que se trata de que a través de la experiencia sepas como canalizar las situaciones y encuentres un sentido a lo que estás viviendo.
Sin el afán de sentirme la “mujer madura”, hoy me siento segura y en confianza de compartir un momento por el que pase hace dos años. El cuál fue la elección de carrera.
A pesar de que parece una decisión fácil y claro para un grupo de personas lo es, para otros como fue mi caso, resulto impredecible y confuso.
En aquel tiempo cuando tenía 17 años y estaba a punto de salir de preparatoria creía estar segura de que quería estudiar Relaciones Internacionales, aunque mi verdadero deseo era dejar de estudiar por un año en lo que decidía que era lo que haría a partir de aquel entonces.
Aun no tenía del todo las piezas del rompecabezas, hoy por hoy te puedo asegurar que por mi mente jamás paso la idea dejar de estudiar definitivamente. Lamentablemente el temor al no hablar con mis padres con sinceridad y plantearles lo que yo pensaba, provoco que yo callara. Y una semana después de iniciadas las clases al estar con ellos les comente que no solo no me gustaba la carrera sino también la universidad y que prefería dejar de estudiar temporalmente.
Esta semana al leer (Los cínicos no sirven para este oficio) confirmo una vez más que por “algo” ocurren las “cosas”. De haber sido otra mi decisión no me imagino lo miserable que me hubiese sentido al estar odiando el trabajar en un área que no me gustara y que además me hubiese perdido la oportunidad de leer a Kapuściński.
El recorrer cada una de las páginas me provocaba una sed de conocimiento, quería leerlo, subrayar situaciones que me cautivaron, mejorar mi escritura. Alzar la voz por los que necesitan ser escuchados. (Kapuściński,R;2008)
Lo anterior es tan visto en la actualidad y desde hace tiempo, el control de la información. Y como es que el gran sueño se concentra en “dinero y la limitada libertad del periodista”.
En lugar de darme por vencida me convenzo cada vez más de querer seguir adelante. Recuerda que el periodismo es una profesión de 24 horas, leer es una herramienta indispensable.
Si me hubiesen dicho hace unos años que sería periodista, no lo hubiese creído.
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