El misterio envolvió las horas. Al principio decidí avanzar sin mirar atrás, creyendo que nadie me observaba. El sonido no se hizo esperar, voltee para descubrir de donde provenía aquel ruido;(un silbido y un “muchacha, muchacha”), fue lo que distinguí.
Era una señora quien muy amable me ofreció una pala y una cubeta de agua, le agradecí la gentileza con una sonrisa y le dije que por el momento no era tan necesario. Y que la buscaría en caso de necesitar su ayuda. A los 10 minutos que recorría el lugar, me di cuenta que había dejado ir a alguien que tal vez me hubiese auxiliado a conocer más detalles sobre la historia del científico Téllez. ¿Fue realmente inconsciencia de mi parte? O probablemente deseaba recorrer cada espacio del cementerio y en la búsqueda encontrar las respuestas.
Camine y observe a mi paso la diversidad y el marco en el que las diferencias sociales (tenían acto de presencia en primera fila) y que una vez más; quienes aun respiramos nos encargábamos de que siguiera latente. Tropecé conforme la travesía me llevaba, creí que sería fácil perderme; mi sorpresa fue ver la manera en que el lugar estaba tan bien organizado (por calles). Era como una ciudad, la ciudad del silencio eterno. Me reincorpore a la aventura y a continuar deambulando, esta vez me acerque a un señor que llevaba una carretilla con ramas y flores marchitas. Lo salude y le pregunte sobre la historia del científico Téllez, y este con un gesto nada cordial, me contesto que no tenía idea y que si necesitaba esa información regresara la próxima semana. Son cosas que pasan decía la voz en mi mente, le di la razón y seguí hasta la entrada donde un joven me comento que él no sabía a ciencia cierta; aunque me recomendaba que buscara a don Benjamín (la persona que lleva más tiempo trabajando allí) lo encontré y me dijo que no le era familiar aquel relato.
Di la media vuelta, en ese momento apareció la señora amable. Me acerque a ella y sin darme el tiempo de preguntarle lo que deseaba, me dio datos sobre el caso de la Familia Téllez Ramírez. “Alguna veces me pareció ver a una mujer que camina sola y llevaba entre sus manos un rosario, una vez intente seguirla; pero un escalofrío invadió mi cuerpo. Decían que su esposo la embalsamo porque la amaba demasiado aunque esto a mi me parece muy controlador, sobretodo porque se juega con la voluntad de Dios. Además de que estaba con ella a diario o por lo menos 3 veces a la semana se encargaba de peinarla, pintarle las uñas.” Eso es lo que se señorita, hasta luego que tenga buena tarde me dijo. Mi cara se ilumino, el día era hermoso; guarde mis notas y regrese a casa.



