Análisis de la Carta de Xavier Villaurrutia
El inicio de esta carta me recuerda la incertidumbre que se llega a presentar cuando se duda de lo que se anhela y como los temores permanecen en los pensamientos provocando la necesidad de compartir las inquietudes hasta encontrar la manera de escapar del laberinto seductor.
Parece fácil aunque resulta impredecible si la respuesta que obtendremos nos motive a seguir adelante o nos conduzca a tomar otra alternativa.
La libertad es entonces, aunque pueda parecer mentira, el lazo que al mismo tiempo nos une y nos separa (Valadés Edmundo, 1952, p.30). Lo cual me lleva a creer que el respetar la manera de pensar tan distinta de los demás permitirá una mejor relación con el entorno y que a través de esto dejaremos que la personalidad hable por nosotros. Ya que no hay nada mejor que ser uno mismo.
Un aspecto de la lectura que me cautiva es la manera de Villaurrutia al dirigirse a Valadés sin el afán de ofenderlo sobre los cuestionamientos que se le plantean, lo que me demuestra que la sencillez es esencial y que esta no se mide por la capacidad de lo que sabes o lo que ignoras sino de la naturaleza de ayudar y aprender.
Los límites no deben ser impedimento para dejar volar la imaginación y creer, creer que se puede y que los años por más que parezcan un impedimento de continuar preparándose, no debe detenernos porque el hambre del conocimiento es la que nos impulsa a seguir adelante.
La curiosidad abre ventanas, establece corrientes de aire, hace volver los ojos hacia perspectivas indefinidas, invita al descubrimiento y a la conquista de increíbles Floridas. La crítica pone orden en el caos, limita, dibuja, precisa, aclara la sed y, si no la sacia, enseña a vivir con ella en el alma (Valadés Edmundo, 1952, p.31). Es por eso que mantengo el espíritu alerta y aun quiero seguir navegando.
“La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo” Dylan Thomas.